miércoles, 8 de agosto de 2007

25. IMAGEN DE SI MISMO. CONFIANZA EN SI MISMO. AUTOVALIA. CONCENTRARSE EN SU PROPIO POTENCIAL NO EN SUS LIMITACIONES. SEGURIDAD INTRÍNSECA.

IMAGEN DE SI MISMO. CONFIANZA EN SI MISMO. AUTOVALIA. CONCENTRARSE EN SU PROPIO POTENCIAL NO EN SUS LIMITACIONES. SEGURIDAD INTRÍNSECA. NO COMPARARSE CON NADIE.

IMAGEN DE SI MISMO.

Su propia auto imagen puede contribuir a que usted resulte avasallado en la vida. Si cree que no le es posible hacer nada, que carece de atractivo, que no es inteligente, etc.,. logrará también que los demás le vean así, usted actuará así e incluso será así.

Para abandonar la perspectiva de ser una persona dependiente o avasallable, tiene que crearse una postura de aspiración y confianza en ser feliz, de operar a pleno rendimiento, basada en sus aptitudes reales, estimando toda su competencia y potencial en cuatro zonas amplias y críticas:

Sus aptitudes físicas.

Usted puede realizar tareas físicas aparentemente fuera de sus capacidades, cuando confía en hacerlo o cuando no se para a pensar en que no le es posible llevarlas a cabo. El doctor Franz Alexander habla del poder de la mente: “La circunstancia de que el cerebro gobierne al cuerpo constituye, pese a que la biología y la medicina lo pasen por alto, el hecho más fundamental que conocemos acerca del proceso de la vida”

Su capacidad intelectual.

A usted le compete aspirar a desarrollar sus propias capacidades. Destierre actitudes de auto desvalorización del tipo “no soy muy listo”, “nunca consigo recordar nada”, “leo muy despacio”, y frases similares, que reflejan una actitud que le impedirá alcanzar cualquier cosa que pudiera gustarle conseguir. Si las cambia por expresiones de confianza y por el convencimiento de que puede aprender la forma de llevar a cabo lo que elija, no acabará usted siendo la víctima de un juego de “autoderrota individual” consigo mismo.

Sus aptitudes emocionales.

Su capacidad emocional depende también de su propia perspectiva. Si espera sentirse deprimido, inquieto, angustiado, temeroso, enojado, culpable o preocupado, entonces logrará que esas actitudes formen parte regular de su vida. Usted puede eliminar por sí mismo de su horizonte esas zonas erróneas de su vida, empezando a vivir minuto a minuto, a elegir sus opciones.

Atraemos a nuestra vida lo que proyectamos con nuestras actitudes. La actitud que decidas adoptar reflejará justamente lo que atraerás a tu vida. Piensa en la tristeza y atraerás el vacío. Piensa en la alegría y el mundo reirá contigo.



Sus aptitudes sociales.

Si usted se considera poco seguro de sí, incapaz de expresarse bien, tímido, introvertido, etc., tiene ante sí unas expectativas bastante malas en el terreno social, a las que sucederá una conducta social correspondientemente defectuosa: como te ves, así te proyectas. Empiece a imaginarse su propia persona como un ser creador, que se expresa con claridad y eficiencia, o que se manifiesta como lo que usted quiere ser. No se desanime por los fracasos iniciales; considérelos simples experiencias de las que extraer enseñanza y continúe con su vida.

Tus expectativas sobre el trato que los demás te dispensarán atraen eso que tu esperas. Si estás seguro que te van a tratar con educación y alegría, eso es lo que sueles conseguir.

CONFIANZA EN SI MISMO.

La razón fundamental por la cual las personas no logran desarrollar al máximo su potencialidad reside en que dudan de sí mismas. Por ello, una de las claves para desarrollar al máximo tus potencialidades estriba en tener plena confianza en ti mismo y en tu sentido del valor propio. Debes creer profundamente en lo que haces.

La confianza y seguridad en nosotros mismos se fundamenta en: nuestra propia iniciativa, nuestra creatividad y fuerza de voluntad, valentía, resistencia, identidad, nuestro sentido del valor propio, firmeza emocional, autoestima y fortaleza personal.

SEGURIDAD INTRÍNSECA.

Nuestra seguridad intrínseca viene de una coherencia de dentro hacia fuera, de vivir una vida de integridad en la que nuestro hábitos diarios reflejen nuestros valores más profundos. Tenemos paz mental cuando nuestra vida está en armonía con los principios y valores verdaderos, y de ningún otro modo.

La confianza en sí mismo se fundamenta en su propia iniciativa, amplitud de recursos, creatividad, fuerza de voluntad, valentía y resistencia, y no en la seguridad, protección y abundancia de sus campamentos, de sus zonas confortables.

AUTOVALÍA: SENTIDO DEL VALOR PROPIO.

Usted es siempre un ser humano valioso e importante. Nada ni nadie puede poner en entredicho su mérito fundamental como ser humano.

La auto valía, por definición, tiene que emanar de usted mismo. Usted es un ser humano meritorio no porque otros lo digan, sino porque lo afirma usted mismo, porque está convencido de ello y, lo que es más importante, porque ACTÚA como persona de valor inestimable.

La afirmación de sí mismo empieza con el principio de decir y creer que uno es valioso, lo que se confirma en la práctica cuando comienza a comportarse como un ser humano meritorio. Este es un aspecto esencial de la propia fortaleza, que preside nuestra acción y nos garantiza el ser tratados como personas dignas, en la medida en que estamos convencidos de nuestra propia valía.

CONCENTRARSE EN SU POTENCIAL, NO EN SUS PROPIAS LIMITACIONES .

Concéntrate en tus posibilidades, no en tus limitaciones. Cuando te centras en tu potencial, avanzas hacia su realización, y cuando te enfocas en tus limitaciones, lo único que obtienes serán limitaciones. No escuches o hagas tuyas las opiniones de los que se empeñan en señalar tus limitaciones. Tenemos limitaciones, pero podemos cambiar.

NO COMPARARSE CON NADIE.

No te compares con nadie. No permitas que tu sensación de valor y seguridad personal provenga de compararte con los demás. Las comparaciones sólo conducen a la inseguridad, al desánimo y al disgusto contigo mismo, o a la complacencia y a la vanidad.

Con frecuencia, el compararnos con los demás es el resultado de no querer cambiar o dar más de sí mismo. Las fallas ajenas pueden hacernos creer que vamos bien o que estamos progresando, cuando en realidad estamos estancados.

Es mucho mejor compararte sólo contigo mismo. Sólo puedes basar tu sentido de realización en tu propio progreso, y no en la falta de progreso o en el lento progreso de los otros.

Con frecuencia, nosotros mismos nos ponemos la trampa al pensar cómo somos en comparación con los demás. Es fácil olvidar que nuestra genialidad individual puede que no se haya desarrollado. La idea de compararse con los demás parece absurda cuando sabes que eres un ser único y además encuentras el método, las personas y las circunstancias que te parecen adecuadas.

No necesitas comparar tus acciones con las de los demás para decidir cómo has de actuar. Somos libres cuando podemos decir: "Esta es mi forma de hacerlo, ¿cuál es la tuya?. ¡No existe una única manera!". Soy libre cuando ya no necesito decir lo que tengo en común con otros. Deja de comparar y empieza a organizar tu vida.

Emplea tu propio sistema para evaluar tus acciones y tu personalidad. "¿Estoy contento conmigo mismo?" en lugar de "No soy tan bueno como mi hermano".

Respeta tu individualidad y evita especular sobre cómo eres en comparación con los otros. La comparación siempre cede el control de tu vida a aquellos con quienes te comparas.

Cuando te des cuenta de que vuelves al hábito de comparar, obsérvate. Ser conciente es el principio del cambio. Cuando notes que te estás comparando con alguien, cambia de perspectiva. ¿Qué tal, más bien, compararte con lo mejor que hay en ti?

Actitudes que evidencian nuestro afán por compararnos.

Algunas actitudes que ponen en evidencia que a veces vivimos de la comparación personal con los demás para determinar cómo debemos dirigir nuestras vidas:

- Anhelar parecerse a alguien a quien consideramos agraciado o atractivo.

- Desear enterarse de cómo han realizado otros pruebas que uno también efectuó.

- Emplear términos como “normal”, “corriente” o “medio” para definirse a sí mismo.

- Sentir envidia por los logros ajenos.

- Establecer nuestros objetivos personales basado en lo que otras personas han conseguido.

- Darse por vencido cuando alguien nos dice: “Así se trata a todo el mundo; usted no va a ser la excepción”

Para salir de la trampa de este constante proceso de comparación, uno necesita desarrollar una enorme fe en sí mismo, una fe lo bastante fuerte como para ponerla en vigor minuto tras minuto durante su vida, manteniendo presente lo que quiere y puede llevar a cabo: es decir, su propio potencial y propósito.

El primer paso para salir de la trampa de la comparación estriba en asumir su propia individualidad. Nadie es igual que usted, en lo que se refiere a sus más íntimos y profundos sentimientos, pensamientos y deseos. Cada uno percibe, piensa y siente según su modo único, propio y personal.

El destructivo hábito de la auto comparación.

El hábito de la auto comparación le roba a uno toda seguridad interna, ya que nunca es posible estar seguro de cómo le juzgarán los demás. Compararse puede resultar muy seductor, puesto que elimina todos los riesgos que comporta estar solo. Y, naturalmente, se puede generar mucha más “aceptación” superficial comparándose con otros y esforzándose en parecerse más a ellos. Si usted tiene que mirar a otras personas para decidir lo que debe hacer, entonces está atrapado en la trampa de la auto comparación.

No se trata se ser inconformista compulsivo, que se vuelve contra dependiente de los demás (observando el modo como actúa el prójimo y preparándose adrede para hacer exactamente lo contrario), del mismo modo que el conformista se comporta de modo dependiente. Cuando vaya a decidir lo que quiere, refiérase a su conciencia y a su propio “sentido común” interior, sin necesidad de ser como todo el mundo.

Actitudes para superar los intentos de hacerle a usted víctima por comparación.

Los mediocres o los avasalladores pretenderán compararte con los demás, puesto que es el arma de manipulación que tienen para imponer la conformidad o la aceptación. La postura anti sometimiento conlleva para uno la inflexible negativa a emplear otras personas como modelo para uno mismo, así como el aprendizaje de la manera de desactivar los esfuerzos sojuzgadores de otros para compararle y controlarle a uno.

Las siguientes son algunas técnicas para tratar con personas que intentan utilizar la comparación con los demás para impedirle a uno alcanzar sus objetivos o manipularle con vistas a que uno haga lo que ellos quieren.

· En toda confrontación en la que alguien saque a relucir el caso de otras personas a las que hizo objeto de arbitrariedad y aspire a que usted siga el mismo ejemplo, o cuando le presenten el ejemplo de alguna otra persona como razón por la cual usted debería hacer algo que no le gusta, recuérdele que tales comparaciones nada tienen que ver con usted. Puede acudir a réplicas desactivadoras, tales como: “Un momento. Está usted empleando el ejemplo de otras personas como razones por las cuales yo debo ser o comportarme de cierto modo, pero da la casualidad de que no soy ninguna de esas otras personas”. O: “Estás un poco trastornado y me comparas con otra persona para que deje de hacer algo en lo que creo”. O: “Me compara con alguien a quien no conozco y que ni siquiera está aquí para ratificar lo que usted dice. Si no puede tratar conmigo aquí y ahora, vaya a ver a la persona de la que está hablando y rememore con ella lo que le parezca. ¿Pero por qué me explica a mí todo eso?”.

· Dé por concluido el diálogo con sojuzgadores del tipo de empleados o funcionarios en cuanto repare en que no quieren o no pueden ayudarle. Cuando se escuden en que esas son las reglas, puede probar también con declaraciones específicas como: “El reglamento no sirve en este caso”. O: “La mediocridad florece en medio de la uniformidad”.

· No aspire a ser como ninguna otra persona. Aunque nada tiene de malo admirar las proezas de los demás, debe tener usted presente que son o fueron tan únicas como usted.

· Procure que todas sus relaciones con los demás sean experiencias felices y estimulantes, y no batallas campales en las que usted pone en juego toda su humanidad. La gente que se relaja y disfruta, es con mucho la más eficiente en lo que hace; son personas que no se dejan dominar por la sensación de que “tienen que triunfar”.

Albert Einstein declaró una vez: “Los grandes espíritus siempre han tropezado con violenta oposición por parte de las mentes mediocres”. Una verdad como un templo. Si uno quiere alcanzar su propia grandeza, escalar sus propias montañas, tendrá que utilizarse a sí mismo como primero y último asesor.